lunes, 2 de septiembre de 2013
Una canción tan fría y tan apasionada como el alba - Alejandro Crotto
Latas, vasos de plástico tirados al azar. Arranca
el día; arranca y muestra drástico en la playa
vacía el final de la fiesta. En la luz fría,
tapado con arena a nuestros pies, el resto
carcomido de un tronco humea apenas.
Detrás el mar, el ruido
opaco de las olas repetido.
Trabajar Cansa - Césare Pavese
Cruzar una calle para escapar de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que vaga
todo el día por las calles ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
Hay en verano
siestas en que hasta las plazas quedan vacías, tendidas
bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega
por una avenida de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Solamente vagar, las plazas y las calles
están vacías. Hace falta parar a una mujer
y hablarle y pedirle vivir juntos.
De otro modo, uno habla solo. Es por esto que a veces
hay un borracho nocturno que comienza a parlotear
y cuenta los proyectos de toda la vida.
No es cierto que esperando en la plaza desierta
se encuentra a alguno, pero el que recorre las calles
se para cada tanto. Si fueran dos,
aun andando por la calle, la casa estaría
donde estuviese esa mujer y valdría la pena.
A la noche, la plaza vuelve a estar desierta
y este hombre que pasa no ve las casas
entre las inútiles luces, no levanta ya los ojos:
siente sólo el empedrado que hicieron otros hombres,
de manos endurecidas como las suyas.
No es justo quedar en la plaza desierta.
Vendrá ciertamente aquella mujer por la calle
que, si uno le pide, querrá dar una mano en la casa.
*Imágenes del video : Película "Stalker", Andrei Tarkovsky.
El fin del día - Diana Bellessi
Bienvenido silencio amigo mío
en la oscura noche que apacigua
el rumor del viento como un guerrero
cuya furia baila entre los árboles
y sin verlo yo lo veo limpiar
el ruido de la mente cacatúa
ensimismada en su graznido brutal
y monocorde y vos silencio mío
daga trueno del monte que rasga
la mugre acumulada las costras
sobre el instinto fino muriéndose
de pura sed por esa atención
donde yo desaparezco salvo
en la función de tensar el sentido
hacia lo visible y su fortuna
inagotable cercana a dios
silencio traicionado amigo nuestro
en el vendaval oscuro del día
dispuesto vaya a saberse a qué
donde el alma se pierde como un piojo
en la cabellera turbia del mundo
Cruzados - Gerardo Gambolini
Octubre oculto por el rocío.
El orgullo abatido en una roca,
el yelmo transpirado en las rodillas.
Oh, hermosa nada, donde era fácil,
donde el Señor mostraba su eterno rostro.
Ahora volver, habiendo fallado.
Vigilar el abrazo inarmónido del tiempo,
avanzar como quien vaga en un abismo,
llegar a la oscura habitación
de nuestra carne.
Ahora volver a la costa castigada,
hacer la provisión para el invierno,
repetir cada crepúsculo cansado: aún estamos vivos,
aún estamos vivos.
de "Atila y otros poemas", Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2000.
Soy yo mismo el desastre - Joaquín Giannuzzi
Soy yo mismo el desastre que sugiere
el estallido de un vaso en la cocina.
Una decepción en el día que comienza. Una negación
que engendrará otras negaciones.
Habrá calles y cuerpos sombríos
habitaciones y papeles heridos,
objetos manufacturados rodando hacia la extinción,
edificios y conversaciones minados por el anhelo de
caer;
la vida individual acosada por un crepúsculo
absoluto.
Yo mismo bajo todas las cosas,
un roedor mordiendo sus bordes, apresurando
el deterioro de la fiesta y sus composiciones.
el estallido de un vaso en la cocina.
Una decepción en el día que comienza. Una negación
que engendrará otras negaciones.
Habrá calles y cuerpos sombríos
habitaciones y papeles heridos,
objetos manufacturados rodando hacia la extinción,
edificios y conversaciones minados por el anhelo de
caer;
la vida individual acosada por un crepúsculo
absoluto.
Yo mismo bajo todas las cosas,
un roedor mordiendo sus bordes, apresurando
el deterioro de la fiesta y sus composiciones.
Hice un hoyo - Horacio Castillo
Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.
Por Alguna Razón - Joaquín Giannuzzi
Compré café, cigarrillos, fósforos.
Fumé, bebí
y fiel a mi retórica particular
puse los pies sobre la mesa.
Cincuenta anos y una certeza de condenado.
Como casi todo el mundo fracasé sin hacer ruido;
Bostezando al caer la noche murmuré mis decepciones,
escupí sobre mi sombra antes de ir a la cama.
Esta fue toda la respuesta que pude ofrecer a un mundo
que reclamaba de mí un estilo que posiblemente no me
correspondía.
O puede ser que se trate de otra cosa. Quizás
hubo un proyecto distinto para mí
en alguna probable lotería
y mi número no salió.
Quizá nadie resuelva un destino estrictamente privado.
Quizás la marea histórica lo resuelva por uno y por todos.
Me queda esto.
Una porción de vida que me cansó de antemano,
Un poema paralizado en mitad de camino
hacia una conclusión desconocida;
un resto de café en la taza
que por alguna razón
nunca me atreví a apurar hasta el fondo.
Rodolfo Fogwill
En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir “hice el amor” es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que hicimos ella y yo, no eran el amor y ni siquiera —me atrevería hoy a demostrarlo— eran un amor: eran eso y sólo eran eso. Lo que interesa en esta historia es que la muchacha punk y yo nos “acostamos juntos”. Otro decir, porque todo habría sido igual si no hubiésemos renunciado a nuestra posición bípeda, integrando eso —¿el amor?— al hábitat de los sueños: la horizontal, la oscuridad del cuarto, la oscuridad del interior de nuestros cuerpos, eso. Primera decepción del lector: en este relato soy varón.
“Muchacha punk” en Cuentos completos (Alfaguara, 2009)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)